Negocio procede del latín negotĭum,
un vocablo compuesto por nec y otium que
puede traducirse como “lo que no es ocio”. El término, por lo
tanto, permite hacer referencia al trabajo
u ocupación que se lleva a cabo con fines lucrativos.
El adjetivo internacional,
por otra parte, está vinculado a aquello
perteneciente o relativo a dos o más países, a una nación distinta de la
propia o que ha trascendido las fronteras nacionales.
Los negocios
internacionales, en definitiva, abarcan a las actividades comerciales
que se desarrollan en más de un país. El concepto incluye las transacciones gubernamentales y
las transacciones privadas. Por ejemplo: “Nuestra empresa está abocada
a los negocios internacionales: ya tenemos presencia en cinco países”, “El
tipo de cambio actual favorece los negocios internacionales”, “Quisiéramos
participar de negocios internacionales, pero nuestra estructura no lo permite”.
Existen diversas leyes y regulaciones que se encargan de
establecer las condiciones y formas para el intercambio internacional de bienes
y servicios. Estas normativas establecen cómo puede concretarse el ingreso de
los productos o capitales.
Quienes participan en negocios internacionales también deben
tener en cuenta ciertos factores culturales y sociales que, si bien no están
escritos, pueden resultar tan relevantes como las leyes a la hora del éxito de
la operación. En Japón, es
muy importante mantener un vínculo personal antes de concretar un negocio, algo
que no suele ser necesario en Estados
Unidos o Europa.
En cuanto a otros factores más concretos vinculados al éxito
de los negocios internacionales, se encuentran la competitividad y la eficiencia
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